CONSEJOS DE MANTENIMIENTO

 

El Mantenimiento de los instrumentos de cuerda pulsada

Francisco Hervás

El cuidado de los instrumentos de cuerda pulsada requiere de nuestra atención en algunas sencillas tareas que ayudarán a que su conservación y funcionamiento sea el correcto. Las descripciones que se citan a continuación ayudarán a llevar a cabo los cuidados necesarios para mantener nuestro instrumento en buenas condiciones de uso.

Enrollado correcto de las cuerdas.-

Las cuerdas deben ser enrolladas en las clavijas correctamente, es decir, que en el devanado no monte ninguna de las vueltas por encima de las demás ni queden desordenadas y sobre todo que no presione la pared del clavijero (en el caso de laúdes y tiorbas) ni la base del clavijero (en el caso de vihuelas y guitarras). De esta manera evitamos que las clavijas se aprieten excesivamente al ser “engullidas” por el clavijero debido a la tracción de la cuerda sobre la clavija (figura nº 1). No podemos ni imaginar la fuerza con la que las cuerdas pueden producir tal efecto. Esto además hace que resulte muy difícil girar las clavijas y por tanto que el acto de afinar el instrumento resulte complicado y desagradable.

(Fig.1)

En ocasiones y sobre todo en tiorbas y archilaúdes podemos encontrarnos con el problema de no disponer de cuerdas suficiente largas para los bajos. La solución es anudar un trozo de cuerda sobrante en el extremo que corresponde al clavijero, siempre que la longitud de la cuerda dé lo suficiente para que el nudo quede en el tramo entre la ceja y la clavija ya que así no afectará al sonido. El nudo apropiado se describe en la fig: Nº2.


(Fig.2)

Problemas de las clavijas.-

Un problema muy común que pueden presentar las clavijas es que se aprieten de tal manera que sea imposible moverlas y que exista peligro de romperlas al intentar girarlas con fuerza. Esto suele ocurrir cuando el instrumento ha estado algún tiempo sin usar, coincidiendo con un cambio de una estación seca a otra húmeda, por ejemplo entre el verano y el otoño, si el instrumento no ha estado suficientemente protegido frente al incremento de la humedad ambiental que suele acompañar dicho cambio de estación. La explicación es que las clavijas absorben humedad, se hinchan y se aprietan excesivamente contra el clavijero, haciendo que sea muy difícil moverlas. Si comprobamos que no giran como es habitual es inútil intentar forzarlas, ya que podríamos llegar incluso a romperlas. Se hace necesario entonces dar un golpecito seco en la punta de la clavija con un objeto adecuado, lo ideal es una barra de madera con la punta plana y de diámetro algo menor que el grosor de la punta de la clavija o algún otro objeto de similares características, de manera que al golpearlo no dañemos el clavijero. Para llevar a cabo dicha operación, daremos un golpecito seco a la citada barra contra la punta de la clavija, con ayuda de un pequeño martillo o algún objeto que lo sustituya y la clavija se soltará sin mayor complicación. Habremos evitado así la rotura de la clavija, algo que habría sucedido inevitablemente si intentamos forzarla girándola. Este problema se minimiza cuando las clavijas tienen la punta redondeada, con esta precaución se evita que la clavija absorba humedad en exceso y se encaje en el clavijero.
Para mantener un correcto funcionamiento del giro de las clavijas y que se mantengan en su posición después de afinar, es necesario que el ajuste entre clavija y clavijero sea exacto. El mantenimiento de dicho ajuste es muy importante y ha de hacerlo un luthier cuando sea necesario. No obstante, se puede facilitar el funcionamiento de las clavijas aplicando grafito en las zonas de roce, simplemente ’pintándolas’ con un lápiz preferiblemente blando (6B). El grafito es un buen lubricante sólido que ayuda al deslizamiento las clavijas en el afinado y, al mismo tiempo, permite que la clavija quede fija después de moverla, además, prácticamente no añade grueso alguno ya que la capa aplicada es micrométrica, con lo que el ajuste entre clavija y clavijero no se altera en absoluto. No obstante, es conveniente no aplicar demasiado grafito ya que la clavija podría deslizarse en exceso y desafinar el instrumento. Existen otros productos que pueden ser usados con el mismo fin, como el jabón seco del tipo de Marsella, pasta de clavijas, etc., si bien recomiendo el grafito como el más idóneo.

Tensado de los trastes.-

Un inconveniente de los trastes de tripa es que con el tiempo, además de deteriorarse, se aflojan debido a los cambios de humedad ambiental o, simplemente, por distensión del material. Hay una manera de tensarlos sin recurrir al típico taquito de papel o al palillo de dientes que todos hemos visto usar o hemos usado alguna vez. Consiste en arrastrar el traste hacia el clavijero para liberarlo y en esa posición tratar de tirar con nuestras uñas de la bolita del extremo del traste sobre el que el otro cabo está anudado. El extremo correcto lo identificaremos sencillamente porque podemos extraerlo, mientras el otro extremo (el que anuda) no nos permite tal cosa. Una vez conseguido este paso, el siguiente es cortar dicho extremo del traste por debajo de la bolita, volver a quemarlo para generar una bolita nueva y, finalmente, arrastrarlo a su sitio, donde ahora quedará bien sujeto. Aunque esta operación requiere una cierta habilidad, una vez aprendida resulta fácil de realizar y con ello conseguiremos dar de nuevo tensión a los trastes y que no se muevan de su lugar. En caso de que el nudo del traste esté muy apretado podemos ayudarnos de unos alicates pequeños para realizar la operación.

Regulación del entrastado.-

Los cambios en las condiciones de humedad ambiental provocan en los instrumentos alteraciones en la altura de las cuerdas. Esto es debido a que cuando la humedad relativa del aire aumenta a niveles del 70-80%, por ejemplo en días lluviosos de otoño e invierno, la tapa del instrumento se eleva y con ella lo hace también el puente, aumentando por tanto la altura de las cuerdas. Ocurre lo contrario con la sequedad, cuando en verano, o por el uso de calefacciones en invierno, la humedad disminuye a niveles inferiores al 45%, decreciendo entonces el nivel habitual de la altura de las cuerdas. Esta fluctuación puede hacer que el instrumento se haga incomodo de tocar en el primer caso y que se produzcan cerdeos en el segundo. Para solventar dicho problema es necesario modificar la altura de la ceja y los calibres de los trastes, siendo conveniente que ésta operación la realice el luthier, sobre todo si es necesario rebajar la altura de la ceja, operación delicada que requiere de las manos de un experto.
Normalmente los calibres de los trastes van de mayor a menor desde la ceja hacia la caja del instrumento, podríamos decir que ese es el entrastado ’estándar’. Cuando existe una alteración de la altura de las cuerdas debida a los cambios de humedad ambiental, se hace necesario modificar la secuencia de grosores de los trastes.
En el caso en que la ceja esté calzada con tiras de papel, la labor de bajar la altura de las cuerdas es más sencilla y consiste simplemente en desalojar dichos calzos de papel. Una vez que la altura de cuerdas es la correcta (aproximadamente 4 mm de luz entre el diapasón y las cuerdas en la zona de unión del mango con la caja del instrumento) será necesario modificar los grosores de los trastes para adaptarlos a la nueva altura de las cuerdas. Por lo general, basta con usar calibres iguales para todos los trastes, pero en casos más extremos puede ser necesaria una modificación más drástica de los grosores, siendo necesario poner un juego de trastes de calibres invertidos, es decir el primero será el más delgado y el último el más grueso, esto nos permitirá bajar considerablemente la ceja y con ello la altura de las cuerdas hasta conseguir que ésta sea la correcta. En todo caso, será conveniente hacer una comprobación sonora con cada traste que se cambie para verificar que no hay cerdeos.
Esta operación es importante también para prevenir que el instrumento se mueva aún más y aumente el ángulo de las cuerdas, ya que cuando la altura de éstas se ha incrementado por las razones antes expuestas y no se actúa al respecto, la tirantez de las cuerdas también aumenta, y el instrumento soporta una mayor tracción entre el puente y el clavijero, pudiendo hacer que el mango se curve hacia delante o que la tapa se deforme en exceso.
En el caso contrario, cuando las condiciones ambientales son de sequedad, la tapa del instrumento desciende y el instrumento ‘cerdea’, entonces será necesario recuperar la altura de las cuerdas y para ello se puede proceder de dos formas diferentes:
1.- Calzando la ceja con tiras de papel hasta aumentar el grosor del primer traste aproximadamente en 2 ó 3 décimas de milímetro e ir cambiando los sucesivos trastes con nuevos calibres que vayan disminuyendo desde el grosor inicial a razón de 0,5 décimas cada vez, haciendo una comprobación sonora después de cada cambio.
2.- Aumentando la altura de las cuerdas en el puente, para ello basta con suplementar el puente con una lamina de madera que se coloca entre aquel y las cuerdas, con la precaución de tirar de éstas un poco hacia afuera al afinar el instrumento, con ello se consigue aumentar ligeramente la altura de cuerdas y eliminar el problema.
En caso necesario, se pueden combinar las dos técnicas. Una vez conseguida la altura correcta de las cuerdas que coincidirá probablemente con la altura definida más arriba, el instrumento estará en condiciones óptimas para ser tañido con comodidad.

Las ranuras de la ceja.-

Las ranuras de la ceja están pensadas para establecer la separación entre las cuerdas y que éstas queden correctamente alineadas en su trayectoria hacia la clavijas, sin que haya ninguna torsión, por tanto hay que cuidar que el enrollado de la cuerda sea el adecuado para que se mantenga la alineación correcta. Es preciso, por tanto, tomar esto en consideración para evitar así torsiones indeseadas de las cuerdas, que podrían además hacer que éstas se salgan de las ranuras de la ceja cuando tocamos con cierta fuerza en instrumentos con poco ángulo entre mango y clavijero como vihuelas, guitarras, tiorbas o archilaúdes; o que las clavijas se suelten bruscamente por la presión lateral que ejercen las cuerdas cuando están mal enrolladas.

(Fig.3)

Otro problema que pueden presentar las ranuras de la ceja es un desajuste que se manifiesta al tocar la cuerda al aire, produciéndose un efecto parecido al ruido típico de ‘cerdeo’ de los trastes. Este cerdeo en la ceja se produce cuando las cuerdas no apoyan correctamente en la ranura, por no estar ésta bien realizada, y suele ser más frecuente en las cuerdas entorchadas, como vemos en el ejemplo mostrado en la figura nº 3. En ocasiones resulta muy difícil de detectar porque se confunde con el cerdeo de trastes, en tal caso se puede verificar quitando el primer traste para descartar que sea éste el que produce el ruido, de manera que si el cerdeo persiste, sin duda lo provoca la ceja. Podemos observar en el dibujo que hay un pequeño desajuste en la ranura justo en el borde de la ceja que a simple vista es muy difícil de detectar y que deberá ser subsanado para que la cuerda emita un sonido limpio. Esta operación debe ser realizada preferentemente por un experto ya que es un ajuste delicado que debe ser realizado con la máxima exactitud.

Cerdeo de las cuerdas.-

Los cerdeos que se producen al tocar una cuerda al aire pueden tener su origen en el caso ya expuesto, relativo a la ceja, o bien ser producidos por roce de la cuerda con el primer traste, en este caso basta con suplementar la ceja con una o más tiras de papel hasta que desaparezca el cerdeo.
Cuando el cerdeo se produce en todos los trastes puede deberse a una altura insuficiente de las cuerdas en el puente, que puede haber sido provocada por un descenso brusco de la humedad relativa del ambiente como ya se ha comentado anteriormente, o a una excesiva deformación de la tapa del instrumento debida a la acción de la tensión de las cuerdas. En este último caso puede ser necesaria la intervención del luthier para recuperar el nivel de la tapa, aunque en los casos leves basta con suplementar el puente con una lámina de madera que se coloca entre aquél y las cuerdas, con la precaución de tirar de éstas un poco hacia afuera al afinar el instrumento, con ello se consigue aumentar ligeramente la altura de cuerdas y eliminar el problema.

Mantenimiento de la tapa armónica.-

Por lo general la tapa armónica no suele estar barnizada, con lo que precisa de un cuidado especial para evitar que se ensucie y se deteriore. Para ello es conveniente mantener su impermeabilización aplicándole de vez en cuando una capa de cera con un paño suave. En el comercio existen preparados de cera para muebles que van bien al efecto, básicamente están compuestos por cera de abeja y esencia de trementina (aguarrás). La cera dota a la tapa de una capa de protección a la vez que limpia la suciedad que pueda tener, se debe aplicar en pequeñas cantidades extendiéndola en pasadas al hilo de la madera y frotando después con un trapo seco. Es conveniente aplicar también cera al batidor coincidiendo con los cambios de trastes y cuerdas. Puede usarse también cera mineral con resultados similares.
Importante a tener en cuenta es que, en caso de que exista alguna grieta en la madera de la tapa, no se deberá aplicar cera, ya que ésta puede penetrar en la ranura y hacer que sea muy complicada su reparación. Se debe entonces cubrir la rotura con cinta adhesiva transparente par evitar que penetre suciedad y llevar el instrumento a reparar lo antes posible.

(Fig.4)

Problemas con las barras armónicas.-

Puede ocurrir que alguna de las barras de la tapa armónica se despegue en uno de sus extremos, lo que ocasiona un ruido parecido al cerdeo de las cuerdas al sonar determinadas notas. Si esto ocurre es conveniente localizar la barra suelta, esto se hace ejerciendo una leve presión en los bordes de la tapa buscando el lugar donde notaremos un ruidito que nos anunciará la localización de la barra suelta. Una vez localizada, si por alguna razón tenemos que usar el instrumento antes de poder llevarlo a reparar, podemos asegurar provisionalmente la barra usando un pequeño taquito de madera o un material similar de aproximadamente 10 x 10 x 5 mm. (puede valer un trozo de cartón doblado varias veces), el cual sujetaremos en el aro del instrumento con un trozo de cinta adhesiva, justo sobre el extremo de la barra en cuestión (figura nº 4). La presión que ejerce el taquito hará que la barra se mantenga en contacto con el aro y cese el ruido. No obstante, es muy importante llevar cuanto antes el instrumento a reparar, ya que si no es así la barra comenzará a despegarse también de la tapa armónica hundiéndose progresivamente, lo que hará más complicada la reparación.

Tensión de las cuerdas.-

La tensión de cuerdas óptima para un instrumento debe ser determinada por el constructor del mismo, según su propio criterio y de acuerdo con las características particulares del instrumento. Sólo los músicos experimentados pueden modificar moderadamente dicha tensión para adecuarla a sus necesidades respetando siempre los límites que el luthier haya prefijado y teniendo siempre muy presente que por lo general se trata de instrumentos muy ligeros sometidos a una tensión de cuerdas elevada .

No se puede establecer una tensión de cuerdas estándar para cualquier instrumento porque ésta dependerá siempre de sus características específicas, no obstante los valores más usuales están en torno a los expresados a continuación:
Para instrumentos de cuerdas dobles (laúdes, vihuelas y guitarras) de 32 a 36 N (kg) para la 1ª cuerda, de 26 a 28N para las cuerdas dobles en unísono y de 25 a 26N en las octavas.
Para tiorbas con cuerdas simples entre 35 y 40N. en las cuerdas pisadas y algo menos para los bajos ( 32 a 38N)
Para los archilaúdes, la tensión en las cuerdas pisadas similar a los laúdes y los bajos simples como en las tiorbas.

Es conveniente tener en cuenta que las tiorbas y archilaúdes están sometidas a la acción que las cuerdas ejercen sobre el clavijero de los bajos, pudiendo llegar a que éste se curve más de lo normal y que las cuerdas ejerzan una tracción desmesurada en el puente, debida al aumento del ángulo que forman las cuerdas con el plano de la tapa armónica. Esto podría ocasionar deformaciones en la tapa del instrumento e incluso llegar a despegar el puente. Para evitar éste problema es conveniente comprobar que la altura de los bajos en el extremo del batidor (en la zona de la ceja de las cuerdas pisadas) sea de entre 5 y 10 mm. y no supere este valor máximo (Fig. Nº5). En caso de ser superior, será necesario rebajar la altura de la ceja de los bajos para corregir el exceso y evitar así problemas mayores.

(Fig. Nº5)

1.-Cada tira de papel corriente de 80 gramos/m2 equivale aproximadamente a 1 décima de milímetro, con lo que podemos regular la altura de cuerdas con mucha precisión.